LAS COSAS

No soy yo
Son las cosas.

He deseado todo (cuando había
sólo lunas
sólo hambre)

Ahora hay todo
y no soy yo, son las cosas
que me sobran
que me tienen

Por eso
vendo
Casa, Cosas, Cucos

Y me quedo
con la luna
con el hambre.

PLEGARIA

Señor
Líbrame de aquellos
Que tienen la culpa

Pues es gente generosa
Que no duda
En compartirla

LOS SECRETOS DE LA CIUDAD DE LOS MUERTOS

Había una mujer en el cementerio, sentada con los gatos, sin muerto a quien llorar.


Tenía ese llanto que duele porque va por dentro de los ojos. 





Cementerio del Oeste - San Miguel de Tucumán

LA PAZ DEL HOMBRE

La Sagrada Virgen del Inmaculado Gozo se apareció ante un infeliz que estaba en paz y así le habló:

“Desdichado tú que has confundido la sabiduría con la falta de pasión”

Y una vez que hubo hablado, lanzó el último orgasmo y desapareció.




Esta es la Sagrada Virgen del Inmaculado Gozo, felices los invitados a su banquete celestial 



La impunidad como política de Estado





Hay un punto de quiebre entre un Estado ineficiente para garantizar seguridad y justicia y un Estado que orienta conscientemente su política de seguridad hacia la impunidad. Y ese punto de quiebre está marcado por razones meramente económicas.



La impunidad en Tucumán es un negocio. La inseguridad es un negocio que genera dinero, y uno de los primeros beneficiarios son los negocios de policía paralela. Se estima que en el país el cincuenta por ciento de las empresas de seguridad privada están integradas por ex policías. Una ciudad que siente la inseguridad es buen mercado para la el negocio de la protección paga.



Las empresas de seguridad privada cumplen una función importante: no sólo reemplazan a la policía en sus deberes de prevención, sino también absorben mano de obra excedente de las fuerzas de seguridad desplazadas por diversos motivos: desde irregularidades hasta jubilaciones. Además, evita el peligroso problema de policías destituidos deambulando por la ciudad: las empresas de seguridad privadas los absorben, los utilizan y les dan trabajo. Uno ex policía contento es un ex policía que no denuncia.



El segundo negocio de la impunidad está marcado por la ineficiencia del Estado a la hora de mantener subordinadas a sus propias fuerzas de seguridad. La policía es el sector gremial con mayor poder objetivo de negociación, y en Tucumán es frecuente enterarnos de amotinamientos por cuestiones salariales. Los aumentos conseguidos por el sector siempre superan ampliamente a los de los demás trabajadores.



El sistema de trabajo de 24 horas por 48 de descanso garantiza a un policía que se considera mal pagado la posibilidad de hacer servicio adicional: es decir, ofrecer sus servicios a cambio de dinero. Así, es muy común “contratar” policías para eventos, como si la función del policía no fuera custodiar de oficio.



Pero la carencia salarial tiene consecuencias más graves. Las zonas liberadas a la delincuencia, el regenteo de redes de venta de droga y su correpondiente “comisión” para la policía, y el negocio recaudatorio de las comisarías con las detenciones por contravenciones son las realidades más preocupantes.





Cuando el Gobierno se refiere a la “sensación de inseguridad” no está bromeando: paralela a la realidad, la “sensación” es la mejor publicidad para un Estado que se muestra ineficaz en mantener el bienestar de sus propios uniformados. Sin la sensación de inseguridad ni las empresas de seguridad privadas ni los policías en descanso tendrían trabajos adicionales.



La impunidad es la contracara de la inseguridad. Una provincia en la que los delincuentes gozan de impunidad, en muchos casos avalados por irregularidades policiales, judiciales y políticas, genera un ambiente de indefensión en la que el negocio de brindar seguridad encaja muy bien.



En Tucumán el Gobernador José Alperovich no hace sino reforzar la idea de que la cuestión de la seguridad se encuentra librada a las leyes del mercado. Consultado por la prensa en reiteradas oportunidades, su política de seguridad no tiene más ejes que “combatir el alcoholismo y la drogadicción”. Frecuentemente solicita vigilancia a los padres de los delincuentes y está empeñado en que haciendo desaparecer de los relojes tucumanos las horas de la delincuencia, la delincuencia acabará: Según él, la provincia comienza a tener problemas a las 4 am.

El negocio de las contravenciones

Las contravenciones son una fuente de ingreso legal e ilegal de las comisarías.


Por lo general las detenciones por contravenciones deben transitar un trámite que, para el detenido, resulta largo de soportar desde una celda. En teoría la Policía no puede retener a una persona más de 48 horas sin una resolución de la Jefatura que, por lo general, tarda 48 horas en emitir.

Una vez que el juez y parte en la cuestión (la Policía) dictamina la culpabilidad en la comisión de la contravención, se fija un apena en días de arresto que puede ser reemplazada por el pago de una multa para recuperar la libertad. No existe durante el proceso derecho a defensa, y el trámite continúa su camino hacia la culpabilidad.

Sí después el acusado puede apelar la medida, y llevar el caso a Tribunales, pero no sin haber cumplido antes el arresto o pagado la multa a cambio de la libertad.

Muchos jóvenes con contravenciones incomprobables son informados en las comisarías de que el trámite es largo y, en algunos casos, previendo el monto de la multa, se les ofrece el pago “por antincipado” para recuperar la libertad. De esa manera, la detención queda asentada en el aire, la comisaría recauda, y el dinero no entra al circuito oficial.

La contravención más común es “desorden”. Una tipificación vaga, en la que pueden encuadrar diversas conductas, muchas de ellas incomprobables.

Galería de fotos

LOS ROSTROS DE LA IMPUNIDAD





















FIEBRE DE SÁBADO POR LA NOCHE

Nena: ya pasaste los 30, y ese hermoso capullo que escondía tus encantos se ha abierto mostrando al fin el universo de delicias que tenías para el mundo. Y así vas por la vida, desafiando a tías casamenteras, asumiendo un par de flotadores como parte del hechizo, formulando teorías sobre la plenitud de la vida adulta. Saltás de cama en cama cual libélula y tenés un grupo muy copado de treintones con los que reís aliviada de haber pasado la década de la boludez. 

Pero el cuerpo llama. Es sábado a la noche, convocás un par de amigas y salís de cacería: encarás los taco aguja con coraje y salís con las chiquis. Las nenus, las que suben fotis re locas al face, las que creen que Florencia Peña debutó en "La Niñera". El primer presagio del desastre es el mensaje “Chus, ns vms en ld la flakis gtn t n hip no no nooooo XD!” Error de lectura: coordenadas incorrectas, recalculando. Llamás, porque tenés 30, y tenés crédito. Llamás “Dónde mierda es???” La respuesta es confusa “Ay pará pará que no se escucha, escuchaaaá venite ya que hay weigh streanch uuuhhhhh venite” los sonidos se funden en una especie de grito animal en frecuencia superaguda que deja secuelas acústicas. Tafirol. Algo más de maquillaje y un ayudín. Te tomás un taxi, porque tenés más de 30 y te alcanza, y el taxista te pregunta “a dónde señora?” Hola! Tengo un flor de vaquero y un escote hasta el pupo,cómo hacen estos primates para adivinar la edad de una? 

De las chiquis solo quedan las hilachas. Tres desaparecieron con sendos masculinos, y las tres que quedan se unen en bailes lésbico-eróticos que vos pensabas que solo se veían en la tele. La música es irreconocible. La cintura de las tres unidas iguala la tuya, pero confiada te unis al grupo recordando que a su edad sacabas chispas. 

Y entonces ocurre: “Hasta abaho, hasta abaho” suena en los parlantes. Esta la conocés. Ahora van a ver lo que es abrirse de gambas y empezás “Hasta abajo, hasta abaho” Abrís los ojos en lo mejor de tu perreo y ahí descubrís que la plasticidad no es tu fuerte: golpeás con la rodilla el ojo de tu amiga, que en verdad ha llegado hasta abaho, y descubris con estupor cómo es la vida desde las alturas. Trastabillás, el taco se te dobla y cuando estás por besar el suelo aparece, por fin, la primera presa de la noche. Te ha cogido del brazo y te ayuda a incorporarte. Miraditas, ji ji, sonrisitas. “Estás bien amiga?” “Obvio, de una!” pero el pibe ya no está: en un vertiginoso pase de magia una flaca le sacude sus encantos a la altura de la ingle. 

Ok, vamos a mi juego, insistis, otro ayudín y a esta mirada no se le resiste ninguno. Explorás. Bailás casi con decencia con una mano ocupada en el vaso y la otra en la pajita. Te acodás sobre la barra. Elegís el pibe, lo mirás. Te mira (tendré algo en el pelo?). Lo mirás. Se te acerca, sostenés una mirada incendiaria sobre el niño, te sentís casi su madre y lo encarás. “¿Cómo te llamás?” “Beeeeep" ”Yo te conozco de algún lado” “Si, vos sos compañera de yoga de mi mamá, no le digas nada que me viste puede ser?” “De una jajajaaa”. 

Por lo menos la noche te esconde la mueca de dolor. Luces. Blancas. Son las 4. Encaremos el retiro sin ceremonias, caminemos con dignidad hasta el taxi. Las chiquis. “After, after!” After las pelotas “Noooo chicas estoy re cansada laburé toda la semana” “Fotis, fotis!” El sonido peliagudo otra vez, ahora directo al occipital. El flash en la cara. Se te acerca la criatura, al oído “Ya sabes no cuentes nada no?” Otra foto, esta vez con el infante. “Para el face, para el face!”… 

Si algo de dignidad te queda, la perdés. Sacás el celular y con lo que te queda de conciencia, encontrás el número. “Hola. Yo. Yo la Negra. Exacto ya no me reconocés la voz no? Qué haces tanto tiempo che! Yo aquí, con unas amigas, estábamos yendo a un after vos que onda? No qué aburrido che!. Ah. Ah que lindo mirá vos! Y cuántos meses tiene? Ay que hermoso me alegro mucho no sabía nada! Bueno che te dejo que me están esperando, me encantó que me llamaras pero lo dejamos para otro día si? Besitos” Silencio. 

Vuelta a la casa. El taxista, último ejemplar del sexo opuesto que, para cerrar la noche, te revuelve el puñal entre las tripas “Tremendas las chicas de hoy en día señora, tremendas. Recién llevé a tres que no se podían ni parar. Chicas chicas nomás, dicen que andaban con la tía…”
“Tremendas, caballero, a dónde iremos a parar..."





Para la Revista Ernesta